Hace décadas, cuando el Plan Badajoz apenas era un proyecto en la mente de los ingenieros, en los márgenes de nuestro río Gévora ya se respiraba el aroma del arroz recién cosechado. Hoy rescatamos de la memoria un artículo de Antonio Aradillas que nos recuerda por qué La Codosera fue, y sigue siendo en el recuerdo, un referente agrícola en Extremadura.
Un arroz con “don de gentes”
Lo que hacía especial al arroz de La Codosera no era solo su abundancia (que llegó a ser notable desde 1925), sino una cualidad casi mágica que Antonio Aradillas describía con maestría: la de no “pasarse” nunca.
Mientras que otros arroces exigían una puntualidad militar en la mesa, el nuestro —hijo de las aguas prodigiosas del Gévora— permitía a las familias disfrutar de la comida sin las prisas del reloj. Como bien decía el artículo, podías dejarlo reposar dos o tres horas y el grano seguía en su sitio, entero y sabroso.
El secreto de María Juana
No podemos hablar de nuestra historia sin mencionar a María Juana. Ella poseía la “fórmula secreta” para prepararlo, una habilidad que despertaba la envidia sana de sus vecinas. Aquella mujer, con la sabiduría que solo da el fuego de leña y el producto propio, decía con pesar: “Qué lástima que ya no dejen cultivarlo aquí… El de aquí no se pasa”.
Y es que, según los testimonios de la época como los de José Margullón Jobella, antiguo cultivador, el cultivo se detuvo no por falta de calidad, sino por decisiones administrativas de la época que prohibieron la siembra al no estar declarada oficialmente como zona arrocera.

Cifras de un pasado próspero
Para los más jóvenes, puede parecer increíble, pero en 1926, el arroz de La Codosera ya se vendía al comercio local a 0,65 pesetas el kilo. Los agricultores de aquel entonces, hombres como Eduardo Gómez o Juan Camacho, recordaban con brillo en los ojos cómo nuestras fincas daban una producción superior a cualquier otra, convirtiéndose en un artículo vendible en el acto.
Una mirada al futuro
Hoy, al leer que aquellos agricultores “quisieran poder cultivarlo de nuevo”, nos preguntamos qué sería de nuestra vega si el Gévora volviera a ver esos mantos verdes de arrozal. Aquel arroz era más que un cultivo; era una seña de identidad, un producto que, al igual que nuestro pueblo, resiste el paso del tiempo sin estropearse.
Desde Codosera.es, queremos rendir homenaje a esos hombres y mujeres que, con el agua a la rodilla y el sol a la espalda, pusieron el nombre de nuestro pueblo en las despensas de toda la provincia. Porque, aunque hoy no llenemos sacos de arroz, mantenemos intacto el orgullo de saber que lo que aquí se cría, tiene una calidad que el tiempo no puede “pasar”.
¿Tienes alguna foto antigua de las plantaciones de arroz en el Gévora o recuerdas las historias de tus abuelos sobre María Juana? ¡Escríbenos y ayúdanos a completar nuestra sección de Historia Local!
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