Vuelve el “Aleluya”: Los campanilleros toman las calles este Domingo de Resurrección

Este sábado 4 de abril, a medianoche, La Codosera volverá a vibrar con la tradición que mejor nos define. Tras la Vigilia Pascual, cientos de vecinos recorreremos el pueblo con nuestros cencerros y campanillas celebrando la Resurrección.

Hay cosas que solo se entienden si se han sentido. El Aleluya de La Codosera es una de ellas.

Puedo intentar explicarte cómo suena el momento en que se abren las puertas de la iglesia y cientos de campanillos estallan a la vez en mitad de la noche. Puedo hablarte del escalofrío que te sube por la espalda, de las lágrimas que se escapan sin pedir permiso, del abrazo del vecino que tienes al lado aunque no recuerdes su nombre. Pero no sería suficiente. El Aleluya hay que vivirlo. Y este sábado, vuelve.

Algo que llevamos dentro

Aquí no hace falta que nadie te enseñe lo que es el Aleluya. Lo aprendes de niño, agarrado a la mano de tu padre, con un campanillo que te pesa más que el brazo. Lo llevas dentro antes de saber ponerle nombre. Es ver a tu abuelo sacar del armario el cencerro que fue de su abuelo, frotarlo con un trapo como si fuera de oro y decirte con los ojos brillantes: “Este año vuelves a sacarlo tú”.

Vuelve el "Aleluya": Los campanilleros toman las calles este Domingo de Resurrección 1

Porque eso es el Aleluya. No es solo una fiesta. Es el hilo invisible que nos conecta con los pastores y cabreros que hace siglos bajaban del monte con los cencerros de sus ganados para celebrar que la vida vencía a la muerte. Es la herencia rayana que nos hace distintos, ese trozo de identidad fronteriza con Portugal que no se encuentra en ningún otro rincón de España. Es lo que somos.

La noche más nuestra

El ritual lo llevamos grabado a fuego. La Vigilia Pascual en la Iglesia Parroquial. Dentro, silencio y recogimiento. Fuera, en la Plaza , la emoción contenida de un pueblo entero esperando con los campanillos en la mano. Los niños que no aguantan más y ensayan repiques nerviosos. Los mayores que miran al cielo como pidiendo que llegue la hora.

Y llega.

Las puertas se abren y el mundo se detiene un instante antes de estallar. Cientos de campanillos suenan con toda el alma, las campanas del templo repican al cielo y hay un segundo —uno solo— en el que se te nubla la vista y sientes que perteneces a algo más grande que tú. Eso es la Resurrección hecha pueblo.

Después, todos juntos, emprendemos el recorrido desde la puerta del Ayuntamiento hasta la Iglesia de Nuestra Señora de la Piedad. Las calles se llenan de estruendo y de abrazos. Los que vivimos aquí, los que vuelven por Pascua, los que vienen a descubrir qué es esto que tanto les han contado… esa noche somos todos lo mismo. Somos campanilleros. Somos La Codosera.

Y al despertar… Domingo del Bollo

Cuando la madrugada se apaga y el eco de los cencerros se pierde entre las dehesas, queda la mañana del domingo. El Domingo del Bollo. Familias y pandillas nos juntamos para compartir el tradicional bollo de Pascua, ese dulce artesanal que aquí se lleva horneando desde el siglo XVI. Muchos salimos al campo a comerlo al aire libre, entre encinas y risas, cerrando la jornada más bonita de nuestro calendario como mejor sabemos: juntos.

Vuelve el "Aleluya": Los campanilleros toman las calles este Domingo de Resurrección 2
+ posts

Blogger, SEO, WordPress, Automatizaciones y cada vez más IA. Alguna cosa más sobre mi en antoniodiaz.pro


Descubre más desde LA CODOSERA

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.