Preparando el paisaje…
Acompaña a la cigüeña durante un día cualquiera —que aquí nunca lo es— en este rincón de Badajoz que se asoma a Portugal.
La luz toca primero la sierra y después baja, sin prisa, hasta las fachadas encaladas. Entre encinas, el día empieza despacio. Desde lo alto del campanario, una cigüeña levanta el vuelo.
En lo alto, las piedras del castillo guardan siglos de vigilancia sobre La Raya. Hoy ya no esperan a nadie: solo el viento, las vistas sobre el caserío y algún paseante que sube a contemplarlo todo.
Unas pocas tablas sobre el arroyo bastan para unir España y Portugal: el puente internacional más pequeño del mundo. Y cruzarlo tiene truco: al otro lado, el reloj marca una hora menos.
Junto a la frontera, el santuario de Chandavila recibe a peregrinos y visitantes de uno y otro lado. Cuando cae la tarde, el paisaje se vuelve naranja y el silencio también forma parte del viaje.
Al oscurecer, la plaza se llena de farolillos, música y folclore. Se oye castellano, se oye portugués y, casi siempre, algo a medio camino entre los dos. Así se celebra en La Raya.
La cigüeña vuelve a su nido. Mañana La Codosera despertará otra vez despacio. ¿Vienes a verlo?
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